Algunas Sugerencias
Para la Oracion

Las oraciones y métodos de orar sugestionados aquí estan basados en casi quinientos años de tradición espiritual jesuita. Las siguientes sugerencias para la oración te podrían ayudar a crecer en la intimidad de Dios y a tener una experiencia de la espiritualidad jesuita. San Ignacio creyó que había recibido un don de Dios que no sólo enriquecía su propia vida cristiana, sino que también enriquecía las vidas de aquellos con quienes compartía esta espiritualidad. El don era un "método", un modo de buscar y encontrar a Dios en todas las cosas y de alcanzar libertad para dejar que la voluntad de Dios se cumpla en la tierra. Esta manera de orar permitió a Ignacio descubrir la voz de Dios en su propio corazón y experimentar un descubrimiento en familiaridad con la voluntad de Dios. Los jesuitas llaman a esta oración diaria examen de conciencia.

St. Ignatius at prayer

Examen de Conciencia

Siguiendo los pasos que se enumeran aquí, puedes experimentar este "método" de crecimiento personal y de descubrimiento del núcleo de tu identidad. Puedes sensibilizar más a tu propio espíritu — sus deseos, sus potencias, su fuente; y desarrollarás una apertura para recibir el apoyo ofrecido por Dios.

1.   Recuerda que estas en presencia de Dios. No importa donde estés, en la cima de una colina o en un valle, en el campo o en la ciudad, en medio de una multitud o solo, eres una criatura dentro de la creación. El Creador que te llamó, está interesadó en ti. El Espirítu de Dios, enviado por Cristo, te recordará que se te han dado dones para contribuir a llevar a la creación a su plenitud, y restaurarla al modo del Creador. Pide al Espíritu Santo que te permita mirarlo todo con amor. "El amor es paciente, es bondadoso, no es envidioso, u orgulloso; no es arrogante ni rudo. El amor no busca un interes...no se alegra del mal, sino que se regocija en el bien...El amor todo lo espera." (1 Cor.)

2.   Da gracias a Dios por los favores recibidos. Haz una pausa y pasa unos momentos repasando tus obras del día. Sé concreto. Recuerda el sabor de la mermelada en el pan, la fragancia de la flor, la sonrisa provocada por una palabra amable, el acto de paciencia que facilitó la labor a alguien. Enumera lo que recibiste y lo que diste. Date cuenta de los eventos que guían la vida. Ahora mira las obras más concretas que te permiten participar en este día. Recuerda to fortaleza en momentos de dificultad, to capacidad de tener esperanza en momentos de debilidad, tu sentido de humor y tu vida de fe, tu inteligencia y tu salud, tu familia y tus amistades. Dios Padre te da todo esto para llevarte a la plenitud de la vida. El Padre envió al Hijo, Jesus, para asegurarnos que el Reino de Dios se está construyendo. Jesús envía al Espíritu Santo para guiarnos y sostenernos al recibir y dar vida a otros.

Haz una pausa para dar gracias.

3.   Se consciente y pide la ayuda del Espirítu Santo. Antes de explorar el misterio del corazón humano, pide recibir al Espíritu Santo para que puedas mirar a tus acciones y motivations con honestidad y paciencia. "Cuando venga el Espíritu de la verdad, los guiará en la verdad" (Juan 16:13) El Espíritu Santo te inspirará a mirar con mayor libertad el desarrollo de la historia de tu vida. El Espíritu te da la libertad de estar abierto al crecimiento, de mirarte a tí mismo sin condenarte y sin autocomplacencia. "El amor todo lo espera."

4.   Ahora examina cómo estás viviendo este día. Recordando los acontecimientos de tu día, explora el contexto de tus acciones. Revisa el día, hora por hora, buscando los acontecimientos internos de tu vida. Recorre las horas para ver cómo ha sido tu interacción con lo que tenías ante tí. Pregúntate en qué estabas implicado y con quién estabas, y revisa tus esperanzas y dudas. Muchas situaciones te mostrarán que tu corazón estaba dividido – moviendose entre ayudar o ignorar, despreciar o animar, escuchar o hacerse el sordo, recriminar o perdonar, hablar o callarse, abandonar o agradecer. Mira las oportunidades que tuviste para el crecimiento en la fe, la esperanza y la caridad y cómo respondiste. ¿Qué te movió a actuar de ese modo?

Dáte cuenta de dónde actuaste libremente – escogiendo una acción concreta de las posibilidades que veías. Mira dónde fallaste, al haber hecho mal use de tu libertad. Este "método" te ayuda a aprender a actuar con libertad. ¿Qué hábitos te ayudaron o se te dificultaron?

Mira en qué pantos Cristo entró en tus decisions y dónde te podrías haber detenido para recibir su influencia. "Pruébense a sí mismos" dice San Pablo, "para ver si están viviendo con fe; examínense. Quizá ustedes mismos no se den cuenta de que Cristo Jesús habita en ustedes" (2 Cor.) Su influencia nos llega atravéz de su pueblo, el Cuerpo de Cristo; como tambien atravez de la Escritura, la Palabra de Dios. Ahora, al orar, el espíritu de Cristo te ayudará a conocer su presencia y cuidado. A medida que reflexiones acerca de tí mismo por medio de la oración diaria, te conocerás más y más. Por lo tanto, llegarás a reconocer la presencia de Cristo en to vida. Cristo te invitara continuamente a amar a to prójimo como a tí mismo, y te dará fuerza para hacerlo.

5.   Ora con palabaras de reconciliación y resolución. "La palabara de Dios está muy cerca de ustedes, está en sus bocas y en sus corazones para que la observen. Vean, hoy pongo ante ustedes vida y prosperidad, muerte y desastre...Escojan la vida," dice el profeta. (Deut. 18) Ahora, después de haber revisado este día de tu vida, mírate con compasión y reconoce tu necesidad de Dios, y trata de ver el cuidado que Dios manifiesta hacia tí. Expresa dolor por tu pecado, la obscuridad que nos rodea a todos, y especialmente pide perdón por las veces en que este día te resististe a la luz de Dios. Da gracias por la gracia, la presencia iluminadora de Dios, y especialmente alaba a Dios por las veces que le respondiste con sinceridad, permitiéndote así, ver mejor la vida de Dios. Por medio de estos actos de arrepentimiento y gratitud creces en el conocimiento de la gratificante acción de Dios en tí. "Como arcilla en manos del alfarero, así eres tú en mis manos." (Jer. 18:6)

Reflexión final
El crecimiento en la amistad y la intimidad requiere tiempo y atención constante. Trata dedicar de 10 a 15 minutos diarios a este examen de consciencia.

— Cubre los cinco puntos todos los días, con la libertad de detenerte más en un punto que en otro, según te mueva el Espíritu.

— Dáte cuenta de cómo creces en el aprecio de la diversidad de vocaciones, (matrimonio, sacerdocio, vida religiosa) en el pueblo de Dios.

— Pide que todos escuchen el llamado de Dios y respondan generosamente a su vocación. "Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra..."

 

Otros Temas Sugestionados de Ignacio


St. Ignatius praying to the Trinity  
Del Principio o Fundamento
 
El fin de nuestra vida es servir para siempre a Dios.
Dios, porque nos ama, nos dió la vida.
Nuestra propia respuesta de amor permite
    que la vida de Dios fluya en nosotros sin límites.

Todas las cosas en este mundo son dones de Dios que
    se nos ofrecen para que podamos conocer a Dios más
    facilmente, y podamos así reponder a su amor.

Como resultado, apreciamos y utilizamos estos dones
    de Dios, siempre y cuando nos ayuden a desarrollarnos
    como personas que aman.
Pero si alguno de estos dones se convirtiera en el centro
    de nuestras vidas, desplazaría a Dios e impediría
    nuestro crecimiento hacia nuestro fin.

En la vida diaria, por lo tanto, debemos mantener el equilibrio
    ante todos los dones creados, tomando siempre aquello
    que nos ayude a crecer en Dios sin estar ligados a
    ningún don específico.
No debemos fijar nuestros deseos en salud o enfermedad,
    riqueza o pobreza, éxito o fracaso, una vida larga o corta.
Porque en todo se encuentra una capacidad que nos llama
    a dar una respuesta más profunda a nuestra vida con Dios.

Nuestro único deseo y nuestra única opción debería ser
    ésta: Quiero y escojo lo que mejor me lleve a profundizar
    la vida de Dios en mí.

San Ignacio, del principio de los Ejercicios Espirituales

 

Oración de San Ignacio
Pidiendo Generosidad
 
Señor, enséñame a ser generoso. Enséñame a servirte como tú mereces;
    a dar sin contar el costo;
    a luchar sin reparar en las heridas,
    a laborar sin buscar descanso,
    a trabajar sin pedir recompensa,
    si no es sabiendo que cumplo tu voluntad.

 

St. Ignatius offers his sword to God

 

Toma, Señor, y Recibe
 
Toma, Señor y recibe toda mi libertad;
    mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad.
Cuanto tengo y poseo, Tú me lo diste,
    y a Tí Señor te lo torno.
Todo es tuyo;
    dispone de ello según tu voluntad.
Dame tu amor y gracia,
    que esto me basta sin que te pida otra cosa.

San Ignacio, Final de los Ejercicios Espirituales